Bosque nutricional comestible y útil en 5 comunidades quichuas de la amazonía ecuatoriana

Resumen del proyecto

En este proyecto de reforestación se plantaron 123 especies distintas de plantas nativas de la Amazonía ecuatoriana en cinco comunidades quichuas (Sacha Waysa, Ayapata, Chaupishungo, La Libertad e Inchillaqui). En total, se sembraron alrededor de 13 000 árboles nativos en unas 26 hectáreas. El objetivo fue crear un bosque comestible y útil que mejore la nutrición de las comunidades mediante la recuperación de semillas y nombres ancestrales de las especies utilizadas tradicionalmente.

Muchos de los frutos de los árboles plantados se consideran superalimentos, por su alto contenido de nutrientes en comparación con las frutas y verduras de consumo habitual en el país. Además, se incluyeron especies útiles para la construcción, la artesanía y con un profundo valor cultural ancestral para los pueblos quichuas.

Actividades realizadas

En este proyecto de reforestación se crearon cinco viveros en cada una de las comunidades beneficiarias para producir las plántulas de los árboles que serían sembrados. En cada comunidad se impartieron talleres de capacitación sobre reforestación, uso de pesticidas y fertilizantes orgánicos, mejora del suelo, georreferenciación e inventarios forestales, con el objetivo de que las comunidades comprendieran el proceso completo y pudieran garantizar el mejor crecimiento y desarrollo de los árboles.

También se realizó un pequeño estudio nutricional con el fin de conocer mejor las condiciones alimenticias y de salud de las poblaciones beneficiarias. Este análisis permitió identificar las principales carencias y hábitos de consumo, aportando información valiosa para orientar las acciones del proyecto hacia la mejora de la nutrición y el bienestar de las comunidades involucradas.

Además, se incluyó a los niños en el proyecto: muchos deben recorrer largas distancias para asistir a la escuela, por lo que se entregaron bicicletas todoterreno adaptadas al clima amazónico, junto con talleres de mantenimiento y reparación, asegurando que puedan desplazarse de manera más segura y eficiente a largo plazo.

 

Condición inicial de las comunidades

Las comunidades quichuas de la Amazonía atraviesan una situación compleja marcada por el desarraigo cultural y sus consecuencias. La occidentalización ha provocado la pérdida de prácticas ancestrales vinculadas al bosque y la chacra, lo que se refleja en problemas de malnutrición y alcoholismo.

La desconexión con su cultura tradicional ha debilitado sus hábitos alimenticios y de consumo, generando una alta tasa de desnutrición, bajos ingresos familiares y poca inversión en alimentos de alto valor nutricional. A esto se suma un problema creciente de diabetes, vinculado al consumo de carbohidratos altamente procesados como el arroz blanco; en Ecuador, actualmente 1 de cada 18 personas padece esta enfermedad, lo que evidencia la urgencia de recuperar prácticas alimenticias más saludables y sostenibles dentro de estas comunidades.

Resultados principales del estudio de desnutrición en miembros de comunidades

68%

se alimentan 1 vez al día.


63%

se encuentran en vías de desnutrición.


32%

se encuentran desnutridos.


62 USD

es el ingreso medio familiar mensual.


Objetivos del proyecto

En este proyecto de reforestación se sembraron 13.000 árboles de 123 especies nativas de la Amazonía ecuatoriana, fortaleciendo la biodiversidad y la conexión ancestral con el bosque. Para producir las plántulas se establecieron cinco viveros en cada comunidad beneficiada, asegurando un proceso local y participativo. Además, se impartieron talleres integrales que abarcaron todo el ciclo de la reforestación: desde el establecimiento de viveros y la producción de plántulas, hasta el diseño y ejecución de la reforestación, la mejora de suelos, la elaboración de fertilizantes y pesticidas orgánicos, el uso de herramientas de georreferenciación y GPS, y la realización de inventarios forestales. Todo ello con el objetivo de que las comunidades adquirieran conocimientos técnicos y prácticos para garantizar el crecimiento y desarrollo sostenible de los árboles.
Se determinó que las comunidades beneficiadas presentan una nutrición insuficiente, ya que el 68 % de los comuneros solo se alimenta una vez al día, el 63 % se encuentra en vías de desnutrición y el 32 % ya presenta desnutrición. Ante esta realidad, se decidió establecer un bosque comestible que aporte los nutrientes faltantes a partir de especies nativas con alto valor nutricional, incluyendo la siembra de árboles superfoods amazónicos, con el fin de recuperar prácticas ancestrales y fortalecer la seguridad alimentaria de las familias involucradas.
Las cinco comunidades beneficiadas se encuentran entre los 800 y 1200 metros sobre el nivel del mar, en las estribaciones orientales de los Andes ecuatorianos, una región de transición hacia la cuenca amazónica considerada uno de los hotspots de biodiversidad más importantes del planeta. Este territorio presenta un alto índice de endemismo, ya que alberga especies tanto de la sierra como de la Amazonía ecuatoriana. Los árboles plantados no solo incrementan la diversidad vegetal, sino que también proveen alimento a la fauna local, actualmente amenazada por el cambio de uso de suelo derivado de la deforestación para la venta de madera y la consecuente conversión a pastizales para la ganadería o plantaciones de monocultivo como el cacao.
Las comunidades quichuas enfrentan un problema de sucesión cultural, ya que los jóvenes ya no aprenden ni utilizan su lengua quichua y prefieren hablar en español. Esta degradación cultural ha llevado al desconocimiento de las especies de árboles del bosque y de sus usos medicinales o comestibles. Como parte del proyecto, se busca recuperar este conocimiento vital colocando letreros con los nombres de los árboles en quichua y español en los viveros, vinculándolos además con los usos que cada especie puede tener. De esta manera se asegura que el saber ancestral no se pierda y se fortalezca la identidad cultural de las comunidades.
Dentro del diseño de reforestación se realizaron estudios de sostenibilidad financiera, en los que se determinó que los primeros árboles comenzarían a producir frutos a partir de los 3 años. Asimismo, se estableció un punto de equilibrio a los 8 años, cuando se logra cubrir el consumo interno de las comunidades y se pueden empezar a comercializar los excedentes. Estos ingresos, provenientes de la venta de frutos, se reinvertirán en el proyecto para garantizar la sostenibilidad y expansión de las áreas de reforestación. Todo esto cobra mayor relevancia considerando que el ingreso medio familiar mensual es de apenas 62 USD, una cifra muy baja que limita el acceso a alimentos de calidad y hace indispensable la generación de nuevas fuentes de nutrición y recursos económicos para las comunidades.
Los niños de las comunidades enfrentan grandes dificultades para acceder a las escuelas locales, ya que deben recorrer largos trechos caminando por caminos de piedra para llegar a sus centros educativos. Para aliviar este problema, se entregaron bicicletas especialmente equipadas para las condiciones de la Amazonía, facilitando así su transporte diario. Además, en cada comunidad beneficiada se impartieron talleres de mantenimiento y reparación de bicicletas, con el fin de garantizar su uso seguro y eficiente a largo plazo, fortaleciendo tanto la movilidad como la autonomía de los estudiantes.
En los proyectos de restauración de ecosistemas normalmente se utilizan hasta cinco especies nativas para la reforestación. En este caso, se plantaron 123 especies distintas de árboles útiles nativos de la Amazonía ecuatoriana, lo que convierte a esta iniciativa en un proyecto único en su tipo. Además, el diseño de las áreas de reforestación se realizó siempre tomando en cuenta las necesidades y opiniones de los miembros de las comunidades, asegurando que el proceso fuera participativo y que respondiera a sus prioridades culturales, sociales y ecológicas.
Una parte central del proyecto es el involucramiento activo de las comunidades. No se trató únicamente de sembrar árboles, sino de enseñarles todo el proceso, desde la producción de plántulas hasta el diseño e implementación de la reforestación. A través de los talleres impartidos, se integró a los comuneros para que puedan desarrollar de manera autónoma y con el conocimiento necesario proyectos de reforestación con especies nativas.

Mapa de la reforestación

En este mapa se visualizan los territorios de las 5 comunidades beneficiadas por el proyecto.

Árboles nátivos plantados por comunidad

3219

Ayapata

3415

Chaupishungo

3121

Inchillaqui

1927

La Libertad

1343

Sacha Waysa

Instituciones cooperantes

La Fundación Yakum tuvo un rol fundamental en la ejecución del proyecto. Estuvo a cargo del diseño de la reforestación, la recolección de semillas, la implementación de talleres sobre reforestación, suelos y viveros, así como del establecimiento de los viveros en cada comunidad. Además, organizó diversas actividades participativas con los comuneros, asegurando que el proceso fuera integral, inclusivo y sostenible, con un fuerte componente de transferencia de conocimientos y fortalecimiento comunitario.

Rotary International fue el principal donante del proyecto y se encargó de la administración, la contabilidad y la transparencia en la asignación de fondos, además de realizar encuestas nutricionales en las comunidades beneficiadas. Un aliado clave en este proceso fue RotarAct Cumbayá, que jugó un papel fundamental para lograr la aprobación del Global Grant. De esta manera su colaboración garantizó tanto el respaldo económico como el soporte organizativo indispensable para el éxito del proyecto.

La Fundación Red Forestal fue responsable de idear y diseñar el proyecto de reforestación en conjunto con la Fundación Yakum y RotarAct Cumbayá. Posteriormente apoyó en la promoción del proyecto para concretar los fondos donados y elaboró este medio de presentación, con el fin de mostrar de manera clara la problemática y la solución implementada mediante la reforestación con especies nativas, que contribuyen a la restauración ecológica, como al fortalecimiento cultural y social de las comunidades beneficiadas.

La Fundación Wawa Bici se encargó de entregar bicicletas especiales adaptadas a las condiciones de la Amazonía a los niños de las comunidades, facilitando su acceso a las escuelas y movilidad en general. Además, estableció eco‑rutas a lo largo de los tramos reforestados para el uso de las bicicletas y realizó talleres de reparación y mantenimiento, asegurando que los estudiantes y miembros de la comunidad puedan utilizarlas de manera sostenible en el largo plazo.

Resultado esperado en 8 años

Galería de Fotos del Proyecto

Durante los 3 años de ejecución del proyecto se realizaron muchas actividades. Recogemos las principales memorias en la siguiente galería de fotos.